
La luna lucía radiante aquella noche, impresionante con sus ochocientos veintiséis cráteres, según había podido contar la última vez. No tenía mucho más que hacer y, cuando la luna estaba completamente llena, tenía una vista impresionante. Le gustaba contemplar la luna, porque pensaba que ella y la luna eran muy parecidas. Las dos eran muy hermosas, pero de nada les servía, de igual manera se encontraban solas e incomprendidas. Alguna vez había pensado, que su belleza sería suficiente para que esa persona importante estuviera a su lado por siempre, pero al final se había marchado, y con toda razón. Había sido vanidosa, egoísta y muy complicada. Creía ser ingeniosa, todo lo que quería era un poco de atención, pero solo había sido una tonta.
En su pequeño mundo, las noches eran frías, pero le gustaban las noches, porque los días eran cálidos y, ahora que estaba sola, solo podía beber del agua de la lluvia. Y, cuando comenzaba a atardecer, sentía nostalgia, tanta nostalgia, que apenas podía contener los deseos de llorar. Pero ella era orgullosa, y no podía permitirse que le vieran llorar. El viento sopló con fuerza y uno de sus pétalos se desprendió. Consternada, lo vio alejarse en una graciosa danza circular. Comprendió que, en poco tiempo, más pétalos se desprenderían o se marchitarían. Si tan solo pudiera cubrirse del viento, sus pétalos podrían durar más tiempo. Pero no importaba, como era una rosa vanidosa, era mejor así. No le gustaría que la vieran marchitarse, ¡a ella! Que, desde el momento en que había nacido, había sido tan hermosa.
Un capullo colgaba aún de una de sus hojas, y vería nacer otra mariposa. A diferencia de ella, las mariposas cuando nacen no saben que son hermosas, aún recuerdan su vida de orugas. Entonces, hay que decírselos, para que tengan más confianza. Ahora, las orugas habían comido casi todas sus hojas. Aun así, estaba feliz, porque había tenido a su persona importante, con quien había reído y a quien había alegrado con su perfume y brillantes colores. Había alimentado a las orugas y las había ayudado a convertirse en mariposas, y les había enseñado a las mariposas que eran hermosas. Había hecho muchas cosas, las suficientes para una rosa.
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¿Sabes de quién se trata la rosa de esta historia?

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